miércoles, 2 de noviembre de 2011

Contigo... toda la vida

Ocaso en La Punta, Camaná, Arequipa

Sigmund Freud creía que el amor era la mitad de la vida de una persona. Suponía que alguien gozaba de buena salud psíquica si estaba en condiciones de amar y de trabajar. Más allá del psicoanálisis, no existe modelo o línea de pensamiento que hoy pueda oponerse a la idea de que, en definitiva, el amor es el motor de la vida.
De padres e hijos, entre los amigos, entre miembros de una comunidad. Existen distintos tipos de amor; pero el amor de pareja es el que, además de proyectarnos compartiendo la vida junto a otra persona, facilita o enmarca otro de los objetivos esenciales: los hijos (la perpetuación de la especie).
Dejando de lado toda literatura romántica, la ciencia encuentra que el amor es una emoción compleja, una construcción hipotética determinada por cientos de conexiones, posibilidades e interpretaciones. Un sentimiento que, muy a pesar del marketing, tiene sus bases orgánicas en el cerebro y no precisamente en el corazón. Estamos genéticamente programados para amar y los genes se activan gracias a la química cerebral: la oxitocina despierta las primeras instancias de la seducción, el encuentro y la permanencia.
Se cree que de la química dependen los primeros años; entre cuatro y siete, según las historias de amor investigadas. Después de la popularmente llamada comezón del séptimo año, el amor quedaría, fundamentalmente, a expensas del intelecto y la voluntad. Es decir que, más allá de los flechazos de Cupido, directo al cerebro que también late de amor, es saludable entender que este sentimiento es una construcción en el tiempo constituido por etapas, instancias o momentos.
En este sentido, el doctor Miguel Spivacow, autor del libro de La pareja en conflicto (Paidós) y de Clínica psicoanalítica con parejas (Lugar), cree que, ante todo, "es conveniente distinguir entre lo que es amar y lo que implica enamorarse.
"El enamoramiento - define el psiquiatra- es una atracción inicialmente irresistible, cuya intensidad declina con tiempo. El amor, por el contrario, puede ir creciendo con el paso de los años e implica un tipo diferente de vínculo que incluye crisis, alejamientos y acercamientos, a pesar de los cuales los protagonistas vuelven a elegirse."
Para la psicoterapeuta Clara Coria, "es un sentimiento que se vive a través del vínculo que cada pareja es capaz de construir". Esto da cuenta de que existen tantas definiciones de amor como cantidad de uniones o deseos en común puedan registrarse. Cada quien, claro está, con su cerebro, con sus conexiones químicas, con sus aprendizajes, deseos, pulsaciones, mariposas en la panza, tiempos y posibilidades de amar. Autora de El amor no es como nos contaron, Las negociaciones nuestras de cada día y El sexo oculto del dinero (Paidós), Coria es de las que creen que "el amor debería ser un acto de libertad, cuya duración esté en manos del mutuo apoyo y respeto por lo que cada uno es. En la vida humana no existen las garantías, pero sí los deseos de que aquello que nos hace feliz sea duradero".
"El amor, desde siempre, cargó con al menos tres duras tareas: organizar, proteger y dar sentido a la existencia; sostener proyectos de largo alcance y dar curso a las pasiones. El amor de las parejas es la única relación en la que estos tres aspectos deben conjugarse al mismo tiempo", explica Hugo Dovskin, psicoanalista, quien acaba de publicar El amor en tiempos de cine.
Según pasan los años
Hay que contemplar los tiempos históricos, sociales y culturales. Recién avanzado el siglo XX fue posible pensar en vínculos de más de 20 años. "El avance de la medicina y la prolongación de la vida suponen relaciones de una extensión inimaginable, en tiempos en que la inexistencia de antibióticos, las enfermedades en general, los partos o las guerras hacían virtualmente imposible pensarse en relaciones de treinta, cuarenta o cincuenta años", rescata Dvoskin, docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. "Al extenderse -agrega el psicoanalista-, la vida en pareja nunca será la misma, pues, tal como supone Borges, no son sólo las aguas las que cambian, sino que nosotros nunca somos los mismos al bañarnos en el mismo río."
Estas apreciaciones ayudan a estimar que el amor de una pareja estará siempre en manos del compromiso y el desafío valiente que puedan asumir juntos, y en relación con las necesidades y los deseos que cada uno vaya adquiriendo a lo largo del camino. "Nos han jorobado con viejos mandatos y creencias -puntualiza la psiquiatra y sexóloga Cecilia Kurganoff-. Crecimos pensando en el amor según los cuentos de la infancia. Blancanieves, Cenicienta, la Bella Durmiente, todas, esperaban un príncipe azul joven, bello, rico y poderoso. Con el tiempo, como diría la humorista Gabriela Atcher, hemos comprobado, entre otras cosas, que el príncipe azul se destiñe en el primer lavado. No es tarea sencilla para muchos recuperarse también de otras realidades, como que nadie llegó a ser feliz comiendo perdices."
"Hoy, en el amor se reemplazó el te amo por el te estoy amando", dice Walter Riso, autor del Manual para no morir de amor (Planeta). Esta interesante observación del terapeuta da cuenta de que se puede amar para toda la vida, pero que el foco no está o debería estar puesto en el futuro, sino en el día a día, en cómo se vive y convive con la relación. El gerundio (te estoy amando) muestra que el amor nunca se acaba de construir y de reinventarse. "Es un proceso vivo y activo -define Riso-; es pragmático, directo y sin anestesia. Hoy el amor dura mientras estar con vos no implique negociar con mis principios. Así te ame, el amor se acaba porque no le venís bien a mi vida."
Si bien, por priorizar el progreso académico o económico, se ha postergado o retrasado la edad para casarse o formalizar el vínculo, el matrimonio sigue siendo una elección universal. Incluso cuando aumentaron considerablemente los divorcios, son muchos, sobre todo los hombres, quienes reinciden en esta aventura de institucionalizar el amor.
Sigue Riso, conferencista y docente, nacido en Italia, formado en nuestro país y radicado en Colombia: "Nadie entra en una relación para que se acabe. Lo que sí parece ocurrir en esta posmodernidad que vivimos es que se tira la toalla demasiado rápido. Cada día son menos los que están dispuestos a aguantar a alguien que nos hace daño o que afecte nuestra autoestima".
"Que no se trata de aguantar-redobla Clara Coria-. No se puede perdurar amando por decreto para toda la vida. Sólo es posible sostener el amor cuando son dos quienes lo alimentan."
Está claro que no nacimos para estar solos, así como que cada quien sabe hasta dónde y cómo configura o puede habilitar una relación de amor en pareja. Se puede decir que el amor es una elección con las mejores intenciones. "La libertad de elección que existe hoy es un gran estímulo para la construcción de parejas más afines", celebra Spivacow, para quien "hay que destacar que en el mundo actual las parejas están cambiando vertiginosamente. La pareja institucionalizada por la sociedad, por citar algunos ejemplos destacables, ya no es patrimonio exclusivo de los heterosexuales, así como, en virtud de la ciencia, el amor de pareja no constituye la única posibilidad de reproducirse (...). No sabemos qué pasará en el futuro -continúa el psiquiatra-, pero es evidente que, aceptando la diversidad de formatos, la pareja seguirá vigente, ya que da respuesta a la soledad de hombres y mujeres".
El amor hace bien a la salud. Reiteradas investigaciones destacan, entre otras cosas, que las personas en pareja tienden a estar más saludables física y psicológicamente que aquellas que están separadas (el efecto es más fuerte en los hombres que en las mujeres). Por ejemplo, según un artículo publicado este año en el British Medical Journal (citado por la BBC), la gente casada vive más. A partir de un estudio realizado en 7 países europeos, se reveló que las parejas casadas tienen una tasa de mortalidad entre 10 y 15 por ciento menor que el resto de la población. Pero tampoco se trata de estar juntos para acumular años como puntos en la tarjeta de crédito.
En tiempos de descarte
Conseguir el amor perfecto o ideal (¿existe?), en lugar de experimentar el placer del encuentro -donde, además de compartir, siempre, inevitablemente, y en forma alternada, alguien tiene que ceder-, ésa es una tendencia de hoy. La cultura ansiosa e intolerante del amor se da porque se vive pendiente de las exigencias, del alto rendimiento y tantas insatisfacciones más. Esto es lo efímero y descartable que destaca el sociólogo Zigmunt Bauman cuando habla de los amores líquidos que caracterizan esta época. Cuántos amores o contactos no pasan de ser virtuales por el temor a que no cumplan con las expectativas, cada día más exacerbadas y alejadas del mundo real de los abrazos o el contacto auténtico del cuerpo a cuerpo.
"Estamos viviendo tiempos donde todo se ha sobre erotizado y desafectivizado, dice la psiquiatra y sexóloga Cecilia Kurganoff, para quien "el narcisismo, el individualismo, la competencia, las exigencias, el consumo, parecen haber devaluado la importancia y los beneficios del vínculo. Como ya hemos dicho, los tiempos cambiaron y cada tiempo define un estilo. Hoy compramos y descartamos todo el tiempo y, en este hábito de consumo exacerbado, creemos que podemos hacer lo mismo con el otro. Lo compro, lo convierto en objeto, lo manipulo como quiero. No nos enseñaron, y debemos aprender -sugiere Kurganoff- que el amor es respeto, confianza, distancia; que hay que trabajar para mantener la pasión, que hay que soportar e integrar, incluso, las cosas que no nos gustan del otro. No debemos perder de vista que el otro es otro, que no debo pegotearme o entenderlo como una posesión o una parte mía".
El psicólogo Walter Riso está convencido de que "hoy fluctuamos entre la dependencia afectiva y la autonomía, que tiende a ser un valor cada vez más arraigado. Vivimos entre la idea de un compromiso inteligente y la cultura del desechable. El amor se debate entre esos extremos contradictorios y va escribiendo su propia historia; una historia sin fin, sin tiempos. En realidad, no importa cuánto y cuándo te amen, sino cómo lo hagan".
Auténtico (y duradero)
El amor es valentía, coraje, paciencia, voluntad, ilusión, respeto, confianza, (agregue todos las palabras que considere oportunas) y tantas otras fortalezas necesarias para sortear los obstáculos propios del acto de amar, compartir y acompañarse.
"Podría decirse - explica el psicoanalista Hugo Dovskin- que perduran en el tiempo quienes logran superar las dificultades. Es imposible pensar en el amor sin obstáculos ni conflictos, así como es un error pensar que los conflictos se superan gracias al amor. El amor es el resultado de esas pruebas superadas. De no haber diferencias o crisis, seguramente, la relación se está amalgamando con sumisión -al menos con resignación- y sin defender los propios valores de cada una de las partes.
"En primer lugar -puntualiza Dovskin- la pareja debe confrontar con el conflicto que surge de un encuentro cultural entre dos historias que son las de las dos familias de origen. Por otro lado, el amor de pareja debe tener la carga pasional que demanda, al menos en Occidente, alguna forma de fidelidad, más allá de lo abierta que una relación se suponga."
El amor de pareja debe generar un ámbito de protección y de cuidado donde los sujetos, ambos, depositan lo que en la vida cotidiana queda detenido por efecto de lo políticamente correcto y las buenas formas. "Ayuda saber que hay conflictos y crisis -retoma Spivacow-,que el amor implica placer y disfrute, pero también trabajo psíquico sobre las desavenencias y los desacuerdos. También ayuda saber que en los diferentes momentos de la vida la pareja busca diferentes cosas, y que realizar los ajustes necesarios puede ser la base para la continuidad. La autenticidad del amor no depende de los años que dure, sino de cómo lo sienten sus protagonistas."
Son muchas las relaciones de pareja que han atravesado la prueba del tiempo. Así como hay quienes creen que el amor es la combinación de la intimidad, la pasión y el compromiso, Riso propone pensar el amor en torno de la suma de tres aspectos: Eros (deseo) + Philia (amistad) + Agape (respeto), en proporciones por determinar, así haya tropiezos y resquemores. "Eros es las ganas de ver al otro como un postre. Philia es la compinchería, los proyectos de vida compartidos. Agape significa cuidar al otro con ternura y respeto, que su dolor te duela y su alegría te alegre", completa el autor, convencido de que "el amor es para valientes".
Parece ser que el amor dura en tanto y en cuanto elijamos y sepamos transitar el camino hacia el bienestar (físico y emocional) de uno, del otro, de los dos. De todos los que caminan con nosotros por la vereda del sol (más allá de las tormentas).
LOS VÉRTICES DEL TRIÁNGULO
Según la teoría triangular del psicólogo estadounidense Robert Sternberg, el amor es una relación interpersonal que crece en torno de tres componentes esenciales: intimidad, pasión y compromiso.
La intimidad. Es el elemento emocional, comprende la autorrevelación que conduce al vínculo, al afecto y la confianza. Es el cariño, el deseo de acercamiento, la comunicación e interés por estar con el otro. Se diferencia de la amistad porque en aquella hay reciprocidad; en el amor uno puede tener el deseo de intimar y no ser correspondido.
La pasión. Es el elemento de motivación, se basa en los impulsos interiores que transforman el deseo inicial en deseo sexual.
El compromiso. Es la decisión de amar y permanecer con el ser amado. El matrimonio o la convivencia son la formalización; aunque el verdadero compromiso lo garantiza la lealtad y el proyecto conjunto.
Según esta teoría, la clase de amor que una persona puede experimentar depende del tipo de combinación de estos tres elementos. Hay ocho tipos posibles:
Cariño: cuando sólo hay intimidad
Encaprichamiento:cuando sólo hay pasión
Amor vacío:cuando sólo hay compromiso
Amor romántico:cuando hay pasión e intimidad
Amor fatuo:cuando hay pasión y compromiso
Amor sociable: cuando hay intimidad y compromiso
Amor consumado:cuando se combinan los 3 elementos
Falta de amor: cuando no hay ni intimidad ni pasión ni compromiso
DOS JOVENES DE 30
Daniela Avati (33) y Claudio Visetti (36) se casaron el 8 de octubre. Después de 6 años de noviazgo, formalizaron convencidos de que el amor es para siempre. Como muchos jóvenes, lo hacen pasados los 30 pero, a diferencia de otros de su generación, ellos no ponen en duda, ni por un segundo, el proyecto a largo plazo.
"Algunos de nuestros amigos piensan igual que nosotros", decían en la previa, entre las pruebas del vestido, las reuniones por el salón, el catering, las fotos. "Aunque tantos otros -agregan ahora-, por distintas experiencias, propias o de otros conocidos, no coinciden ni creen que alcance con todo lo que, para nosotros, se necesita para sostener un amor para toda la vida: confianza, respeto mutuo, comprensión y, por sobre todas las cosas, el diálogo."
Los padres de Claudio, Felisa (64) y Esteban (67), ya llevan juntos 46 años (se conocieron en el 65 y se casaron 3 años después). Y si bien están seguros de que "si tomó la decisión, nuestro hijo es de los que se casan para toda la vida", entienden que la mayoría de los jóvenes de hoy tienen otra forma de relacionarse. "Cada quien vive su experiencia como puede; para nosotros, la clave es la comprensión y el respeto." Los papás de Daniela, Silvia (56) y Pepe (60), se conocen hace 40 años. Y si tienen un consejo para darle a su hija y a su yerno: "Nunca hay que pretender querer cambiar al otro."
MÁS QUE UN RUBI
"En cada etapa hay un proyecto nuevo que sostiene la pasión y el compromiso", coinciden, sin dudarlo, Inés y Buby Bocles, quienes cruzaron la barrera de las bodas de rubí y, en 43 años juntos, tuvieron 5 hijos y 7 nietos. "No me imagino viviendo sin él", confiesa Inés, cuyos padres estuvieron casados por más de 60 años. "La clave es el compañerismo, la comprensión y la paciencia; hay que saber acompañarse", detalla la mujer a la que le brillan los ojos cuando habla de su historia con Buby y que apuesta, sin temor a perder, a que "siempre es posible el amor para toda la vida, y esto va más allá de la particularidad de los tiempos".
Ella mira, asiente convencido, y a cada palabra agrega: "Los jóvenes deberían saber que el amor para toda la vida es una posibilidad, que es bueno que aprendan a compartir y a descubrirse juntos, a ser tolerantes". De repente, el hombre enamorado de Inés hace un silencio, sonríe y se anima a confesar el gran secreto para tantos años de relación: "Los hombres tienen que saber que siempre debemos tener la última palabra: sí, querida". Es un gusto verlos compartir, incluso, esa risa.
Por Eduardo Chaktoura




sábado, 29 de octubre de 2011

Miradas

Hualca Hualca - Caylloma


Paulo Coelho



“La calma absoluta no es la ley del océano, lo mismo ocurre en el océano de la vida.”

“El mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar…Y corren el riesgo de vivir sus sueños.”

“Esperar duele. Olvidar duele.  Pero el peor de los sufrimientos es no saber qué decisión tomar.”

“Cuando menos lo esperamos, la vida nos coloca delante de un desafío, y  pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio.”

“Coraje. Comenzando la jornada con esta palabra, y siguiendo con la fe en Dios, llegarás hasta donde necesitas.”

“La posibilidad de realizar un sueño, es lo que hace que la vida sea interesante.”

“El sabio es sabio porque ama. El loco es loco porque piensa que puede entender el amor.”

“Cuando alguien desea algo, debe saber que corre riesgos, y por eso la vida vale la pena.”

“Afronta tu camino con coraje, no tengas miedo de las críticas, y no te dejes paralizar por tus propias críticas.”

“Las personas cambian, cuando se dan cuenta, del potencial que tienen para cambiar las cosas.”

“Todos los días, Dios nos da junto con el sol, un momento, en el que es posible cambiar lo que nos hace infelices.”

“Todas las batallas en la vida sirven para enseñarnos algo, inclusive aquellas que perdemos.”

“El tiempo del miedo se acabó, ahora comienza el tiempo de la esperanza.”

“Valentía, no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de seguir adelante a pesar del miedo.”

“Lo que ahoga a alguien no es caerse al río, sino mantenerse sumergido en él.”

“Dios es el mismo, aunque tenga mil nombres; pero tienes que escoger uno para llamarlo.”   

“Nadie logra mentir, nadie logra ocultar nada,  cuando mira directo a los ojos.”

“Sabio es aquel hombre que consigue cambiar de dirección, cuando se ve forzado a ello.”   

“La fe es una conquista difícil, que exige combates diarios para mantenerla.”

“Cuántas cosas perdemos por miedo a perder.”

“Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: “¡El miedo a fracasar!”

¡Suerte!

domingo, 16 de octubre de 2011

Brasil 360° experience


Rio de Janeiro

Bienvenido a una nueva experiencia. Bienvenido a Brasil 360°, un viaje interactivo que lo llevará a conocer los diferentes escenarios brasileños, de una manera que nunca había visto:



jueves, 13 de octubre de 2011

Te perdono porque te amo y no me amas

Solimana (visto desde la laguna Pallarcocha)
extracto del libro ALEPH

- Recuerdas el Aleph. Recuerdas lo que sentías en ese momento. Las explicaciones y las respuestas no serán suficientes. Confundirán aún más lo que ya es bastante complejo. Simplemente perdóname.
- No sé por qué tengo que perdonar al hombre que amo.
Hilal busca inspiración en las paredes de oro, las columnas, la gente que viene a esta hora de la mañana, las llamas de las velas encendidas.
- Perdono a la chica que fuí, no porque quiera ser una santa, sino porque no quiero soportar este odio. Este odio pesado.
Esto no era lo que yo esperaba.
- No puedes perdonar a todos y todo, pero perdóname.
- Perdono todo y a todos. Te perdono porque te amo y no me amas. Te perdono porque me rechazas y pierdo mi poder.
Ella cierra los ojos y levanta sus manos hacia el techo.
- Estoy liberado del odio por medio del perdón y el amor. Entiendo que el sufrimiento, cuando no puede ser evitado, me ayuda a avanzar hacia la gloria.
Hilal habla en voz baja, pero la acústica de la iglesia es tan perfecta que todo lo que dice parece hacer eco a lo largo de las cuatro esquinas. Pero mi experiencia me dice que está canalizando el espíritu de un niño.
Las lágrimas que derramé, yo perdono.
El sufrimiento y las decepciones, yo perdono.
Las traiciones y mentiras, yo perdono.
Las calumnias y las intrigas, yo perdono.
El odio y la persecución, yo perdono.
Los golpes que me dieron, yo perdono.
Los sueños rotos, yo perdono.
Las esperanzas muertas, yo perdono.
El desamor y la envidia, yo perdono.
La indiferencia y la mala voluntad, yo perdono.
La injusticia en el nombre de la justicia, yo perdono.
La ira y el maltrato, yo perdono.
El abandono y el olvido, yo perdono.
El mundo con toda su maldad, yo perdono.

Ella baja los brazos, abre los ojos y coloca sus manos en su rostro.
Me acerco a besarla, pero ella hace una señal con las manos.
- No he terminado todavía.
Ella cierra sus ojos y mira hacia arriba.
La pena y el resentimiento, los sustituyo con comprensión y entendimiento.
La rebeldía, la sustituyo con la música que sale de mi violín.
El dolor lo sustituyo con olvido.
La venganza, la sustituyo con victoria.

Seré capaz de amar por encima del desamor.
Dar incluso cuando estoy despojada de todo.
Trabajar feliz incluso cuando estoy en medio de todos los obstáculos.
Secar las lágrimas, incluso cuando aún estoy llorando.
Creer incluso cuando estoy desacreditada.

Ella abre los ojos, pone sus manos sobre mi cabeza y dice con la autoridad que viene de arriba:
- Hágase tu voluntad. Hágase tu voluntad.

Paulo Coelho's Blog

domingo, 9 de octubre de 2011

Credo

Catarata de Sipia (Cañón de Cotahuasi)

Creo en la aventura. Puesto a escoger entre la seguridad y la aventura escojo siempre la segunda opción. Creo que la vida –para merecer seguir llamándose así– tiene que ser siempre una aventura.

Creo en la libertad. Y si el precio de la libertad es la soledad, creo fanáticamente en la soledad. Y si el precio de la soledad es la muerte, creo a pie juntillas en la muerte. Abrazo entonces mi libertad con la misma alegría con que abrazo mi soledad y mi muerte porque sospecho que, al final, las tres son la misma cosa.

Creo en la energía de la gente. Creo que no hay personas buenas ni malas. Hay personas que tienen una impecable energía y desde el momento que llegan, perfuman tu día y lo iluminan. Y hay otras personas que lo oscurecen y lo contaminan con su sola presencia, sin necesidad de haber hecho ni dicho nada. Creo que eso que irradian es la consecuencia, el macerado, la esencia de todo lo que han sido. Y de todo lo que no han sido, sobre todo.

Creo que, tanto la alegría como el dolor, están vivos y existen. No son abstracciones: son materia realmente existente en el universo, un ente invisible que flota en el aire, que palpita y se siente y se respira por los poros. Creo que alegría y dolor son como dos nubes que nos envuelven –una blanca y benéfica, la otra tóxica y negra–, dos nubes a cuyo crecimiento o extinción contribuimos todos los pasajeros en cada segundo del día.

Creo que uno acumula créditos, o mejor aun, acumula vidas –como en los juegos de video– por cada buena cosa que hace por los demás. Creo que esa es la razón por la que no hay que perder ninguna oportunidad de hacer el bien. Creo que hay que tener claro que no lo hacemos porque seamos muy generosos. Todo lo contrario: creo que las raras ocasiones en que somos buenos lo somos por puro egoísmo. Porque más que ayudar al prójimo, hacer el bien nos fortalece, nos vacuna, nos inmuniza contra el infortunio que, de todos modos, llegará.

Creo en el amor porque hay temporadas insólitas o instantes inenarrables –como este– en que efectivamente lo detecto merodeando por las inmediaciones de mi alma torera.

Creo que el amor principal, el supremo romance de una vida no se reconoce por su duración sino por su intensidad. Puedes haber vivido guardando estricta lealtad a la muchacha equivocada, así como puedes haber atisbado la más gloriosa eternidad conversando casualmente en el teléfono público con la que siempre será la mujer de tu vida.

Creo que el amor no se acaba con la muerte. Creo que mis muertos me siguen queriendo y me siguen cuidando del mismo modo en que yo los seguiré queriendo, extrañando e invocando todos los días de mi vida. Y también después.

Creo que, cuando ella sabe que yo más la necesito, mi madre viene a visitarme por las noches, mientras duermo.

Creo que, como ella, vienen también, cuando hace falta, algunos de mis amigos más queridos, aquellos cuya memoria me gusta honrar colocando las fotos de sus sonrisas enmarcadas en plata sobre mi velador.

Creo en lo que Jaime Bedoya escribió alguna vez: a todos se nos ha entregado el mismo radio a pilas: que el soundtrack de tu existencia sea una melodía celeste en frecuencia modulada o un bochinche vulgar y enloquecedor depende únicamente de lo bien que hayas aprendido a mover tus deditos sobre el dial: para encontrar esa música que siempre anhelaste escuchar, el único truco es conseguir sintonizarla.

Creo que buena parte de la infelicidad reinante podría atribuirse a las siguientes dos promesas de amor que, en realidad, suenan a maldiciones o condenas: “eres mío” y “estaremos juntos toda la vida”. Creo que nadie es propietario de nadie. Creo que nada es para siempre. Creo en juramentos como “Esta noche soy tuyo” o “Estaremos juntos todo el fin de semana”. Me suenan muchísimo más sinceros. Y más probable, además.

Creo que el futuro no es el 2046. Creo que no hay que hacer demasiados planes. Creo que el futuro es la tarde de hoy y, con un poco de suerte, quizás la noche. Creo que si me preguntaran cuales son mis proyectos para el futuro, respondería: terminar de escribir esta columna, enviarla a Lima, almorzar dim sum en el barrio chino, asentarlo con té verde o té jazmín para luego regodearme aplanando estas calles que amo, recargando mi espíritu de esa fantástica electricidad, teniendo cuidado de llegar a la orilla del río Hudson a la hora en que se oculte el sol. Creo que esos son todos los proyectos que tengo para el porvenir.

Creo que todo ser humano tiene el sagrado derecho de mandar todo a la mierda, llegado el momento adecuado.

Creo que el famoso éxito no solo consiste en que te paguen por hacer aquello que tú pagarías por hacer. Consiste, sobre todo, en poder dejar de hacerlo en el preciso instante en que soberanamente lo decidas. De preferencia, en el mejor momento, claro. Y si es posible, entre aplausos.

Creo haber descifrado uno de los mayores enigmas de mi existencia: ¿En qué momento se jode uno, entonces? En el momento en que permite que la plata lo gobierne. La tarjeta, la deuda y el fraccionamiento, la cuota del carro, la hipoteca del depa, el saldo de tu cuenta, el préstamo, el seguro, la AFP y toda esa mierda. Me prefiero sin más patrimonio que el que cabe en mi mochila. Creo, sin embargo, que mi actual y bendita libertad no sería del todo plena sin mi actual y bendita billetera.

Creo que, en aras del yin yan, del delicado equilibrio entre los seres y las cosas, cuando regresas al lugar, al trabajo o al país del que alguna vez te botaron de una patada en el culo, debes esperar el momento perfecto para aplicar la justicia poética y emparejar el marcador y retribuir tamaña elegancia mandándote mudar. Creo en Oscar Wilde cuando decía: no hay nada mejor que ser esperado y no llegar.

Creo, por las mismas razones y apelando a mi novedosa humildad, que a estas alturas del partido soy un producto peruano de exportación, creo que Estados Unidos debería considerar la posibilidad de volver a quedarse una buena temporada conmigo.

Creo que la felicidad es sencillamente esto, sentarse a escribir ante un teclado bajo el sol como un pianista loco que hubiera sacado su piano de cola a la calle para interpretar alguna sinfonía silenciosa en el medio de la multitud que se asolea sin camisa sobre la hierba de Washington Square.

Creo en el majestuoso poder de la palabra. Creo en su poder para abrir las mentes como flores, para detener el golpe a tiempo y al tiempo de golpe, para conjurar la ruindad, para imitar a la sabiduría, para alejar de ti a la tristeza y a su hijito, el dolor. Una palabra tuya bastará para sanarme o para enfermarme, para destruirme o para salvarme.

Creo en el sereno lujo de haber aprendido por fin a disfrutar de mi agridulce compañía.

En todo esto creo muy firmemente, señores pasajeros, damas y caballeros.
Pero, a veces, por supuesto, también dudo.

Por: Beto Ortiz

martes, 4 de octubre de 2011

El Ex Esposo



Una mañana una joven recibió una llamada de su esposo, en el que le decía…: Yo también sentí lo  mismo que tu anoche sentiste....  Te espero dentro de una hora en el parque….  Junto al pequeño muelle del lago. Ella puso el teléfono en su lugar y su impresión fue un poco aterradora,  ya que un día antes había soñado a su esposo, con quien había discutido y quedado en malos términos, y que, por rencores y orgullos ambos decidieron dar fin a su relación y a la comunicación de pareja y amistad.

Tomó una ducha, se arregló y pensó en decirles a sus amigas que él le había llamado, pero prefirió dejarlo en privacidad.... Total, era el momento para que ambos volvieran a cruzar palabras, ya que el orgullo no debe ser eterno, ni mucho menos un castigo en juicio….

La joven se dirigió al parque, se acercó al pequeño muelle y se sentó, observando y pensando que iba a pasar, ¿qué le diría su esposo?  ¿de qué iba hablar?.  Miraba a la gente pasar y entre esa gente vio a su esposo, que se acercaba a ella de forma misteriosa…. ¡Lo vio extraño,  vestía totalmente diferente!.

No vestía sus ropas frecuentes, ahora vestía un camisón blanco... que hacía ver en su rostro una extraña palidez, su mirada reflejaba una paz inmensa, lucía sereno.  Era como si emanara rayos de luz… vestía unos zapatos impecablemente limpios del mismo color del camisón.... Ella intentó decirle hola pero él le dijo…: Caminemos ….

El comenzó la conversación.... He sabido que  has estado triste y que has tenido muchos problemas....

Te he soñado llorando... te he escuchado gritar afuera de mi casa…. Y no me acercaba a ti, debido a las circunstancias, debido a tontos orgullos, yo sé que tu no querías saber nada de mi.… Y no te culpo.… Te lastimé demasiado, te hice mucho daño y logramos alejarnos…. No vengo a discutir.... No vengo a pedirte perdón.... Sólo he venido a decirte que aunque las  cosas no se arreglaron en su debido momento.… Yo creo que nunca es tarde.... ¿Sabes?, esperé a que tú me llamaras, para poder platicar.… Pero tu llamada nunca llegó….

El esperarte... el pensar en ti.… Borró mi apetito.... Se robó mis días de sol… y me fue venciendo poco a poco…. Sin embargo guardé Fe… y dije "ella llamará"…. Mas nunca lo hiciste…. Como siempre…. No te culpo pero si te comprendo…. Se lo que sentiste anoche… se lo que te pasó, yo también lo sentía en ese momento, pero con mucho más dolor.…  Grité tu nombre mil veces … y grité mil veces perdón…. Qué lástima que no me hayas escuchado.… Qué lástima que no me hayas llamado.… ¿Pero sabes amor?, creo que nunca es tarde para perdonar y si te pedí que vinieras al parque fue para entregarte esto….

Él le entregó en sus manos una cruz, la cual era símbolo del amor de los dos.… Esta cruz es mi cuerpo... esta cruz es quien soy.…  Te amé, te amo y te amaré por siempre; quiero que la conserves contigo por el resto de tu vida….  Ella se quedó sin palabras mientras gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas….  La gente la miraba y la señalaban.... Alguien le preguntó…:  ¿Oiga, está usted bien?  Y, ella respondió…: Si ¿por qué?  -La veo caminar y la veo llorar.... ¿Le sucede algo?…. -Nada, gracias, simplemente estoy conversando con él….  La persona que preguntó se retiró extrañada del lugar.…

Ella acompañó hasta la casa a su esposo, que no era otra que la de sus suegros.  El, le pidió que por favor lo esperara afuera y ella accedió… él nunca la hacía esperar en el patio.…

Se quedó 10 minutos esperando… y no regresaba.

De pronto escuchó voces y vio salir de la casa a los hermanos y amigos de su esposo, todos con cara triste y ojos llorosos.…

La abrazaron y le dijeron...:

Se nos fue, se nos fue….

Una extraña sensación recorrió todo su cuerpo.

Y entró corriendo a la casa, entró a la recamara de su esposo.... En ella se encontraba la mamá de su esposo… abrazada del cadáver de su hijo el cual reflejaba en su rostro una profunda tristeza…. 

La joven con llanto y un nudo en la garganta.… Le preguntó a la señora.: ¿Qué sucedió?, ¿Dígame qué sucedió?. 

Dice el doctor que murió de tristeza.… El dejó de comer... dejó de reír…. No sabemos si el desamor lo alejó de todo y de todos....

No sabemos si el sentimiento de culpa lo hizo infeliz….

¡Te ha dejado esta carta! le dijo...: -Ella comenzó a leer….  ¿Sabes amor?. Yo también sentí lo mismo que tú…. El aire empieza a faltarme, intento gritar pero no puedo, luces blancas iluminan mi recamara.…  Me voy para siempre amor....

Gracias por haber ido al Lago….

Gracias por estar aquí.…

Aunque en vida no me pudiste perdonar.…  Sé que ahora lo harás frente a mí.....

Ella miró el cadáver.… Y, solo dijo: Perdóname tú a mí....

En el amor, en la amistad… en la familia… no dejemos entrar sentimientos mezquinos en nuestro corazón, como lo son el rencor, el odio, el orgullo, la ira, etc.... Aprendamos a perdonar y a pedir perdón.  No dejemos que mañana sea demasiado tarde.… Mírense a los ojos… y sientan lo bello que es "vivir y perdonar“.

 Que Dios les bendiga y llene su corazón sólo de amor....

Enséñaselo a tus amigos… si no lo haces hoy… mañana será demasiado tarde....


Por: Anónimo

lunes, 3 de octubre de 2011

La nostalgia ya no es lo que era

Ruta 11 (Santa Fé)

Se acuerda de los tiempos en que el amor tenía misterio?
¿Cuando el sexo no descartaba el pudor?
¿Cuando la privacidad no era pública?
¿Cuando los regalos no se cambiaban?
¿Cuando aún podíamos ir a cualquier evento social porque atravesar la Capital no se convertía en una tortura, con cortes de calles, manifestaciones a granel y embotellamientos producidos en las horas pico por los miles y miles de autos circulando?
¿Cuando escribíamos cartas y esperábamos que el cartero nos trajera la ansiada respuesta?
¿Cuando en los aviones, en clase turista, nos entregaban un menú?
¿Cuando viajar a otro continente era un hito en nuestra vida?
¿Cuando la literatura era algo reverenciado por mucha gente?
¿Cuando los padres ejercían su autoridad sobre los hijos sin dejar de ser cariñosos y comprensivos?
Todo esto no pasaba en la prehistoria, sino hace apenas más de veinte años. En ese ayer próximo, en ese pasado actuante, como lo denomina el escritor español Javier Cercas. No hay que ser, pues, un dinosaurio para rememorarlo.
Claro, al resucitarlo, uno siente un hilo de nostalgia. Pero también, para ser ecuánimes, hay que volver vívidamente a esa época y recordar otras cosas que, francamente, solían ser bastante nefastas.
¿Se acuerda también cuando en el país, conseguir un teléfono para nuestro hogar podía tardar décadas?
¿Cuando debíamos hacer largas filas detrás de los teléfonos públicos para comunicarnos con otras personas?
¿Cuando había tantos prejuicios y, en consecuencia, mucha menos libertad?
¿Cuando la gente se moría mucho antes de que le colocaran un bypass (Favaloro, ¡gracias!), o un stent porque no existían. Ni la laparoscopia ni los estudios médicos computarizados ni las drogas que fueron apareciendo y mejorando la calidad de vida de todos?
Como se puede advertir, no todo tiempo pasado fue mejor. En algunas cosas, sí; en muchas otras, no. La lista, como toda lista, es absolutamente incompleta, pero es lo primero que aparece en mi cabeza cuando hago un pequeño ejercicio de memoria para trasladarme, luego, al presente.
A este presente con celulares, globalización, computadoras cada vez más pequeñas y sofisticadas, cámaras digitales, plasmas, información sobre cualquier tema en Internet, conexiones inmediatas con cualquiera en cualquier parte, edificios inteligentes, cajeros automáticos, medicina nuclear, Photoshop, botox, e-books, etcétera.
Es un presente alucinante, hiperquinético, en el que ya no cabe el asombro porque los inventos son cada vez más sorprendentes y veloces y uno se va insensibilizando incluso para lo maravilloso.
Un presente que ya se parece al futuro, porque la ciencia ficción dejó de ser ficción hace rato y estamos leyendo noticias como por ejemplo que un señor en Estados Unidos está vendiendo lotes en la Luna y entre los compradores hay 1800 argentinos que ya son dueños de 2000 hectáreas lunares.
Entonces la nostalgia, lo repito, no es más que un hilito que nos ata -a algunos- a un pasado cercano en el que los verbos ser y tener se conjugaban de otra manera (creo), en el que el sentimiento y los valores tenían cierto lugar de privilegio, y los códigos también (más allá de la gente sin escrúpulos que existió en todas las épocas). Algo distinto había, sin embargo, una generación atrás; algo diferente en el universo de los afectos, por lo menos, y esto lo digo tratando de no caer en la simplificación ni en las idealizaciones.
Reconozco y me reconforta ver lo mucho y lo bueno que surge cada día en este mundo convulsionado, en este planeta maltratado, donde hay poco tiempo para el silencio y la contemplación. En este entorno donde todo cambia, donde todo parece desmoronarse y vuelve a renacer, y donde ya un reloj o una lapicera de oro no son para toda la vida, sino una de las tantas cosas descartables, al igual que los últimos juguetes electrónicos que tanto ansiamos para no quedarnos atrás.
Viene a mi mente el título de aquellas apasionantes memorias de la actriz francesa Simone Signoret: La nostalgia ya no es lo que era (1978).
Esta afirmación irónica sigue vigente. Con tanto presente y futuro prodigiosos, ni siquiera la nostalgia puede perdurar.

Por: Alina Diaconu